El 5 de octubre de 2026, el Servicio de Investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) entregó al Capitolio un informe oficial sobre las pérdidas de aeronaves de combate estadounidenses durante la Operación Epic Fury, el nombre bajo el que el Departamento de Defensa designó las operaciones militares iniciadas el 28 de febrero de 2026 en coordinación con Israel contra Irán. Es la primera sistematización formal de esas bajas para uso del poder legislativo.
El conflicto y su estado actual
Martin Falbisoner — CC BY-SA 3.0
La Operación Epic Fury arrancó con combates aéreos, marítimos y con misiles a lo largo del Medio Oriente. En abril se alcanzó un cese al fuego que redujo el ritmo de las operaciones, pero en las semanas siguientes algunos ataques se reanudaron y la situación sigue sin estabilizarse. El propio Departamento de Defensa opera bajo una designación secundaria de Departamento de Guerra, establecida por orden ejecutiva, lo que marca el carácter excepcional que Washington le atribuye al conflicto.
El informe del CRS no detalla en el resumen público cuántas aeronaves se perdieron ni de qué tipos, pero su sola existencia confirma que las bajas fueron suficientemente significativas como para requerir una evaluación formal ante el Congreso. El CRS es el organismo de análisis independiente que asesora a legisladores de ambas cámaras, y sus reportes suelen ser el primer paso antes de audiencias o decisiones presupuestarias vinculadas a reposición de equipos.
El debate sobre una invasión terrestre
The U.S. Army — Public domain
Paralelo a ese informe, analistas de seguridad en Washington discuten en voz cada vez más alta los límites de la estrategia aérea y naval. El argumento central que circula en medios especializados es contundente en su simpleza: ocupar Irán requeriría alrededor de 500.000 soldados, un número mayor que todo el Ejército estadounidense en actividad. Irán tiene una superficie comparable a la de Alaska y una población de 90 millones de personas. Las incursiones terrestres limitadas, como un eventual desembarco en la isla petrolera de Kharg, raramente se mantienen dentro de los límites planeados.
Ese argumento no es nuevo en la doctrina militar estadounidense: el llamado "síndrome de Irak" dejó instalada la premisa de que las operaciones de ocupación en países grandes y de población numerosa requieren un esfuerzo sostenido que el Ejército de Estados Unidos, en su estructura actual, no puede absorber sin una movilización masiva que no tiene respaldo político interno.
Trump y la controversia nuclear
En ese contexto, una declaración del presidente Donald Trump encendió otra polémica. Trump hizo comentarios en los que mencionó la posibilidad de que Irán "atacara" ciudades como Los Ángeles y San Diego, lo que el gobernador de California, Gavin Newsom, calificó públicamente de "demencial". La Casa Blanca salió a defender las palabras del presidente argumentando que Trump buscaba advertir sobre el riesgo que representaría un Irán con capacidad nuclear, no alentar un ataque.
La secuencia de los tres hechos, tomados en conjunto, refleja la tensión que atraviesa la política de defensa estadounidense en este momento. Hay un conflicto activo con bajas reales que ya generan escrutinio legislativo, un debate serio sobre si las herramientas militares disponibles alcanzan para cualquier escalada terrestre, y una discusión política interna sobre el umbral nuclear que todavía no tiene respuesta clara.