Durante septiembre, Cuba estuvo al menos 23 días con cortes de electricidad. El sistema eléctrico no logró cubrir la demanda en la mayor parte del mes: las fallas en centrales, los problemas de mantenimiento y la falta de combustible se combinaron para profundizar una crisis energética que ya venía arrastrándose desde hace años.
El salario que no alcanza
Al mismo tiempo que la luz falta, falta la plata para comer. El testimonio de una ciudadana cubana ilustra con números lo que muchos viven a diario: una lista elemental de alimentos sale 4.930 pesos. Con el salario promedio del Estado, ese gasto deja un remanente tan pequeño que no alcanza para proteínas, servicios públicos ni medicamentos básicos. El que no tiene familia en el exterior enviando dólares, y no tiene negocio propio, queda sin margen.
Las estadísticas que ocultan más de lo que muestran
Por si fuera poco, medir con precisión el daño resulta difícil. Las cifras oficiales cubanas sobre empleo, pobreza e inflación carecen de comparabilidad con estándares internacionales, lo que impide establecer con rigor cómo evolucionaron fenómenos como la desigualdad o la pobreza en los últimos años. A eso se suma otro problema que los números estatales tampoco reflejan bien: el impacto de la emigración masiva sobre el tamaño real de la población y de la fuerza laboral disponible en la isla.
Una crisis de varias capas
Cuba atraviesa una combinación de colapsos que se retroalimentan. El sistema eléctrico depende de centrales viejas y de combustible que escasea, y sin electricidad estable no hay cadena de frío, no hay producción, no hay servicios. El peso cubano perdió capacidad de compra de manera acelerada en los últimos años, y el Estado no tiene margen fiscal para sostener subsidios que en otro momento amortiguaron el golpe. La emigración, que se aceleró fuertemente desde 2022, saca de la isla a parte de la población en edad activa, lo que presiona aún más la economía formal.
El resultado es una crisis que los propios datos oficiales no alcanzan a describir con precisión, y cuya magnitud real solo asoma en testimonios como el de esa ciudadana que hizo las cuentas sobre una lista de compras que casi no pudo pagar.