El Departamento de Defensa de Estados Unidos elevó la paga de combate para sus tropas en medio de la guerra en curso contra Irán. A partir de ahora, los militares desplegados en zonas de hostilidad pueden cobrar hasta 450 dólares mensuales por concepto de hostile fire pay, mientras que el bono por inminente peligro sube a un máximo de 275 dólares por mes. Ambos montos representan el primer incremento desde 2002, cuando George W. Bush iniciaba su primera presidencia y las guerras de Afganistán e Irak apenas comenzaban.
Dos décadas sin ajuste
Que la paga de combate no se hubiera tocado en 24 años no es un dato menor. Desde 2002, el costo de vida en Estados Unidos creció de forma sostenida, con períodos de inflación elevada que erosionaron el poder adquisitivo de cualquier ingreso fijo. Para los soldados que operan en zonas de riesgo, esos bonos congelados representaban, en términos reales, bastante menos de lo que valían cuando se fijaron por última vez. El ajuste ahora no corrige esa pérdida acumulada en su totalidad, pero reconoce formalmente que las cifras vigentes estaban desactualizadas.
SSgt John Wright — Dominio público (trabajo del gobierno de EE.UU.)
El hostile fire pay y el imminent danger pay son distintos entre sí, aunque suelen confundirse. El primero se activa cuando una unidad recibe fuego real o es víctima de un ataque directo. El segundo cubre el simple hecho de estar desplegado en un área donde existe riesgo de ataque, aunque no se haya producido. Un mismo soldado puede cobrar los dos si las condiciones lo justifican, lo que llevaría el bono mensual total a 725 dólares.
El contexto de la guerra con Irán
La decisión llega mientras Estados Unidos sostiene operaciones militares activas contra Irán. El conflicto pone a miles de efectivos en situaciones de riesgo real y directo, lo que hace que estos bonos pasen de ser una compensación de papel a una parte concreta del ingreso mensual de quienes están sobre el terreno. En ese marco, mantener los montos de 2002 se volvió políticamente insostenible para el Pentágono.
El aumento también tiene una lectura de moral y retención. Las fuerzas armadas estadounidenses compiten con el mercado laboral civil por personal calificado, y la compensación económica es uno de los factores que los reclutas y veteranos pesan a la hora de reenlistarse o no. Un bono de combate que no se actualizó en más de veinte años manda una señal negativa sobre cuánto valora la institución el riesgo que asumen sus integrantes. El ajuste apunta, al menos en parte, a corregir esa percepción.