El USS Gerald R. Ford (CVN 78) amarró en Norfolk tras 326 días consecutivos en el mar, el despliegue más extenso de un portaaviones estadounidense desde la guerra de Vietnam. El récord anterior lo tenía el USS Abraham Lincoln, con 295 días en 2020.
Un despliegue que lo tuvo todo
Zauberhund — CC BY-SA 4.0
Durante esos once meses, el Ford cruzó el Atlántico cuatro veces, participó de la Operación Epic Fury contra Irán y acumuló 11.800 lanzamientos de aeronaves. El incidente más serio en el tramo final fue un incendio en la lavandería el 12 de marzo que se prolongó durante 30 horas y que, según adelantó el contralmirante Kavon Hakimzadeh del Norfolk Naval Shipyard, se reparará en una disponibilidad separada y no dentro de la ventana de mantenimiento principal.
Esa ventana principal será una Planned Incremental Availability de seis meses. Es el ciclo de mantenimiento programado que la Marina estadounidense aplica a sus portaaviones nucleares entre despliegues: incluye revisión de sistemas propulsivos, casco, equipos de catapulta y armamento. Para el Ford, que ya acumuló años de reparaciones y ajustes desde que entró en servicio en 2017, este período llega cargado de expectativas y también de presión sobre los astilleros.
El Ford fue el primer portaaviones de su clase, y su historial post-entrega estuvo marcado por problemas crónicos con los sistemas electromagnéticos de catapulta (EMALS), los arrestores avanzados y los elevadores de munición. Muchos de esos problemas se resolvieron con el tiempo, pero el buque tardó años más de lo previsto en alcanzar plena capacidad operativa. Que haya completado ahora el despliegue más largo desde Vietnam, con operaciones de combate reales incluidas, marca un punto de inflexión respecto de esa historia.
El Reagan y el MQ-25A Stingray
Mientras el Ford volvía a puerto, el USS Ronald Reagan (CVN 76) sumaba una capacidad que cambia la lógica operativa de los grupos de ataque. En agosto, su tripulación terminó de instalar un Unmanned Air Warfare Center a bordo, la sala de control desde la que se opera el MQ-25A Stingray. Con eso, el Reagan se convirtió en el segundo portaaviones de la flota habilitado para volar el dron.
El MQ-25A Stingray es el primer dron embarcado en portaaviones que la Marina estadounidense lleva a la práctica operativa. Su rol principal es el reabastecimiento aéreo de combustible en vuelo, una tarea que hasta ahora ocupaba aviones tripulados como el F/A-18 Super Hornet en configuración de tanquero, quitándolos de sus misiones de combate o escolta. Que un dron asuma esa función libera cazas para roles más críticos y extiende el alcance de las operaciones sin agregar pilotos al riesgo.
El Unmanned Air Warfare Center es el corazón shipboard del sistema: aloja la estación de control terrestre MD-5C desde la que los operadores manejan el Stingray. Su instalación en el Reagan sigue a la del primer portaaviones que recibió esta capacidad, y marca el ritmo al que la Marina planea extender el MQ-25A al resto de la flota de portaaviones de propulsión nuclear.
Los dos hechos juntos, el regreso del Ford y la certificación del Reagan, ilustran en qué punto está la aviación naval estadounidense. Por un lado, sus portaaviones de última generación ya son capaces de despliegues de combate de casi un año. Por el otro, la incorporación de drones tanque está cambiando la composición del ala aérea embarcada de manera concreta, no solo en papel.