Rusia está desplegando una versión a reacción de sus drones de ataque Shahed que le saca ventaja directa a la táctica ucraniana de interceptar oleadas con munición barata. El Geran-4, como se lo denomina en la nomenclatura rusa, reemplaza el motor de pistón de los modelos anteriores por un turborreactor, lo que le da más velocidad y mayor altitud de crucero. Esa combinación es deliberada: apunta exactamente a la categoría de interceptores de bajo costo, desde drones FPV hasta cañones antiaéreos ligeros, con los que Ucrania logró frenar a relativo bajo costo la mayoría de los ataques con Geran-2 en los últimos dos años.
Un problema de velocidad y altura
State Emergency Service of Ukraine — CC BY 4.0
Los Shahed y sus derivados rusos funcionaron hasta ahora en gran medida por saturación. Se lanzan en números altos, vuelan bajo y lento, y algunos pasan las defensas aunque muchos caigan. Ucrania respondió con una cadena de interceptores asequibles que no requieren misiles costosos para cada blanco. El Geran-4 rompe esa lógica. Vuela a velocidades y altitudes que sacan del juego a los interceptores más baratos que conforman el grueso de la red de defensa ucraniana. Obligar a Ucrania a usar munición más cara por cada dron eleva el costo de la defensa sin elevar proporcionalmente el costo del ataque.
Adaptación constante en ambos lados
Kyiv City State Administration — CC BY 4.0
Lo que hace al Geran-4 especialmente relevante no es solo el sistema en sí, sino el ritmo de evolución. El Shahed original era un diseño iraní adoptado y luego relocalizado en producción rusa. En poco tiempo Rusia pasó de copiar el diseño a modificarlo de forma sustancial. Ese ciclo de adaptación rápida ya se observó antes, tanto en el armado de fábricas domésticas de drones en territorio ruso como en los ajustes tácticos de empleo, horarios de lanzamiento, rutas de aproximación y mezcla de perfiles de ataque. El Geran-4 representa el paso siguiente en esa curva: no más variantes del mismo concepto, sino un salto de categoría técnica.
Para Ucrania, el desafío es doble. Primero, desarrollar o conseguir los medios para interceptar objetivos más rápidos a mayor altitud sin que el costo por intercepción se vuelva insostenible. Segundo, hacerlo en un plazo que no le permita a Rusia consolidar el nuevo perfil de ataque como estándar. Los sistemas de intercepción de rango medio y largo tienen ese alcance cinético, pero su cantidad en el inventario ucraniano es limitada y su reposición depende de la voluntad política y la capacidad industrial de los socios occidentales.
Tres ejércitos ajustando su doctrina
Las fuentes también dan cuenta de dos procesos paralelos en otros ejércitos que se explican en buena medida por las mismas lecciones del conflicto. En Francia, un regimiento de artillería reorganizó su despliegue de piezas para reducir su vulnerabilidad a los drones. La artillería concentrada fue durante décadas la norma táctica; las imágenes de Ucrania convirtieron esa concentración en un blanco prioritario. La dispersión y la movilidad son ahora el criterio central de supervivencia sobre el terreno. En Estados Unidos, el Comando Norte realizó el ejercicio Falcon Peak, centrado específicamente en la respuesta a amenazas de drones, con características que lo distinguen de ejercicios anteriores de defensa aérea. Que sea el Comando Norte, responsable de la defensa del territorio continental estadounidense, el que lleve adelante este tipo de entrenamiento dice algo sobre hasta dónde llegó la preocupación por los drones como amenaza real, no solo como problema de otros.