El Estrecho de Ormuz sigue siendo el nudo más tenso del conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluso después de que el cese del fuego lograra frenar los enfrentamientos directos. Irán y Omán trabajan en conjunto para definir el control del paso marítimo, mientras Trump advirtió que dio a Teherán una última oportunidad para cerrar un acuerdo.
Rubio, hablando desde Washington, confirmó el 4 de agosto que hubo progresos concretos en las negociaciones orientadas a reabrir el estrecho. No precisó ni plazos ni condiciones, pero el solo hecho de reconocer avances marca un cambio de tono en una crisis que hasta hace poco amenazaba con escalar militarmente.
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Ormuz, el foco de todo
Anonymous United States Navy photographer — Public domain
El Estrecho de Ormuz es el punto de mayor presión en esta crisis. Por ese paso de apenas unos kilómetros de ancho transita una porción enorme del petróleo que sale del Golfo Pérsico hacia los mercados mundiales, lo que le da una relevancia estratégica que va mucho más allá del conflicto bilateral entre Washington y Teherán. Cualquier interrupción sostenida del tráfico por Ormuz tiene consecuencias directas sobre los precios del crudo y sobre el abastecimiento energético de Asia, Europa y más allá.
Omán históricamente jugó el rol de canal de comunicación discreto entre Irán y Occidente. El sultanato comparte costas del estrecho con Irán, mantiene una política exterior de neutralidad activa y ya ofició de intermediario en negociaciones nucleares anteriores. Que Mascate esté involucrado ahora en la gestión del control del estrecho es coherente con ese perfil y sugiere que las conversaciones tienen cierta profundidad diplomática, aunque las fuentes no precisan los términos concretos del acuerdo en construcción.
Tregua frágil, tensión latente
El cese del fuego entre Estados Unidos e Irán se sostiene, pero la descripción que hacen las fuentes especializadas es la de un equilibrio inestable. Trump declaró que le dio a Irán una "última oportunidad" para llegar a un trato, una formulación que en la práctica deja la puerta abierta tanto a la negociación como a una nueva escalada si las conversaciones se rompen.
Durante semanas, el escenario más temido era un bloqueo iraní del estrecho, algo que Teherán tiene capacidad técnica y doctrina para ejecutar mediante minas, misiles antibuque y unidades de la Guardia Revolucionaria. Ese escenario no se concretó, pero la mera posibilidad de que volviera a estar sobre la mesa es lo que le da urgencia a las negociaciones en curso.
Que Irán y Omán estén trabajando activamente en un esquema de control conjunto del paso marítimo indica que alguna forma de acuerdo táctico ya está en proceso, aunque sus términos todavía no sean públicos. Para Irán, participar en ese control implica un reconocimiento de su peso en la región. Para Omán, es una oportunidad de consolidar su rol como árbitro indispensable. Para Estados Unidos, es la posibilidad de descomprimir una crisis energética global sin tener que volver a los intercambios directos de fuego.
El panorama sigue abierto. La tregua aguanta, las negociaciones avanzan según Rubio, y el estrecho por ahora permanece transitable.
Fuentes: The War Zone, Al Jazeera
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