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El segundo portaaviones nuclear más nuevo de EE.UU. llega con un año de retraso por tecnologías que aún no terminan de funcionar

El USS John F. Kennedy, segundo portaaviones de la clase Gerald R. Ford, no será entregado a la Marina estadounidense hasta marzo de 2027. Los obstáculos son dos sistemas de nueva generación que todavía no superaron las certificaciones requeridas.

29 de julio de 2026 El Lado Correcto
Crédito: United States Navy/Ricky Thompson/HII — Public domain

El USS John F. Kennedy tenía que estar listo. No lo está. Los propios documentos presupuestarios de la Marina estadounidense confirman que la entrega del portaaviones se postergó hasta marzo de 2027, con aproximadamente un año de demora respecto a lo previsto. El motivo son dos sistemas que la clase Ford estrenó y que todavía no terminaron de resolver sus problemas. El Advanced Arresting Gear, el nuevo sistema de cables de detención para la recuperación de aeronaves, todavía espera certificación. Los Advanced Weapons Elevators, que transportan armamento desde los depósitos hasta la cubierta de vuelo, siguen en proceso de ajuste.

Tecnología nueva, problemas conocidos

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Ninguno de estos problemas es una sorpresa total. El USS Gerald R. Ford, buque líder de la clase, acumuló años de críticas y sobrecostos por exactamente los mismos sistemas antes de quedar operativo. El Advanced Arresting Gear reemplaza el sistema hidráulico tradicional por uno controlado electrónicamente, diseñado para ejercer menos tensión sobre los aviones durante el aterrizaje, pero resultó mucho más complejo de certificar de lo esperado. Los elevadores de armamento, en tanto, son sistemas electromagnéticos que también debutaron con la clase Ford tras décadas de elevadores hidráulicos convencionales.

El Kennedy completó las pruebas de mar del constructor en el Atlántico en febrero de 2026. Lo que sigue son las pruebas formales de aceptación, instancia en la que habitualmente aparecen nuevos problemas que la Marina exige resolver antes de recibir oficialmente el buque. Ese proceso es el que determina los plazos reales de entrega, y en este caso todavía no está cerrado.

Qué trae de nuevo el Kennedy

Más allá de los retrasos, el Kennedy incorpora mejoras concretas sobre su predecesor. Entre ellas figura un radar de reemplazo para el que montó el Ford, cuyo desempeño generó cuestionamientos. El dato quizás más significativo para la operación a largo plazo es la dotación: el Kennedy requiere 900 marineros menos que un portaaviones de la clase Nimitz, la generación anterior. Esa reducción de personal, en un servicio que enfrenta dificultades crónicas de reclutamiento y retención, es uno de los argumentos centrales de la Marina para justificar los costos de la clase Ford.

El fantasma del George Washington

El retraso del Kennedy no ocurre en el vacío. La industria naval nuclear estadounidense viene arrastrando demoras estructurales que exceden a los buques de nueva generación. El USS George Washington, portaaviones de la clase Nimitz, entró al astillero de Newport News en 2017 para lo que debía ser una reposición de combustible nuclear de cuatro años. Recién fue devuelto a la Marina en mayo de 2023, después de 2.120 días en el astillero. Los factores que extendieron esa estadía incluyeron daños en turbinas descubiertos durante los trabajos, reparaciones imprevistas, las disrupciones del COVID-19, problemas con contratistas y la sobrecarga general de un astillero que tiene que mantener y construir portaaviones nucleares en simultáneo.

Ese caso es el trasfondo ante el que se evalúa el retraso del Kennedy. El astillero de Newport News es el único en todo el país capaz de construir portaaviones nucleares, y opera bajo una presión sostenida que ninguna inyección presupuestaria resuelve de un año para el otro. La combinación de una agenda de construcción exigente, tecnologías sin madurar del todo y una cadena de subcontratistas bajo tensión es el patrón que se repite detrás de cada demora.

Para la Marina, recibir el Kennedy en marzo de 2027 seguirá siendo un paso adelante en la modernización de su flota de portaaviones. Pero cada mes adicional en el astillero es capacidad que no está disponible, y en un escenario estratégico donde el Pacífico exige cada vez más presencia naval, los plazos importan.

Fuentes: 19FortyFive
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